El silencio del tigre : la técnica de la meditación
El silencio del tigre: la técnica de la meditación
Hay muchas sendas que conducen al amor.
Algunas atraviesan el movimiento, otras la palabra, y otras —como esta— el silencio interior.
En estos seis poemas he querido explorar la técnica de la meditación como un camino hacia el corazón.
Cada texto está acompañado por una imagen: un tigre que aprende a meditar, símbolo de la fuerza que se aquieta, de la energía que se vuelve consciente.
El tigre, al cerrar los ojos, descubre que su rugido también puede ser respiración.
Así, verso a verso, imagen tras imagen, se despliega una enseñanza sencilla:
la calma no es ausencia de fuego, sino su danza contenida.
Te invito a leer, mirar y sentir.
Quizás también tú escuches dentro el eco del tigre,
recordándote que meditar es una forma de amar.
El rugido del silencio
En lo alto del bosque, el tigre se alza,
con garras al viento y fuego en la danza.
Los pájaros vuelan, sus dudas aladas,
pensamientos que gritan, almas desgarradas.
Su boca abierta no busca cazar,
sino entender lo que no puede nombrar.
¿Son enemigos o solo reflejos
de miedos antiguos, de sueños viejos?
Pero el río murmura, la montaña respira,
y el árbol le enseña que el alma no gira
por fuerza ni furia, sino por presencia,
por mirar hacia dentro con le
ve paciencia.
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"Tormenta en vuelo"
Creyó que el silencio sería su escudo,
que cerrar los ojos calmaría el tumulto.
Pero al respirar, los pájaros se alzaron,
mil voces, mil alas, que nunca callaron.
La luna los mira, testigo serena,
de un alma que busca romper su cadena.
Los pensamientos giran, danzan sin fin,
como estrellas fugaces que no quieren dormir.
No es lucha, es proceso, no es guerra, es camino,
el tigre lo aprende, paso tras paso divino.
Meditar no es huir, es mirar de frente
el vuelo
inquieto que habita su mente.
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"El arte de estar"
Ya no ruge el tigre, ya no se alza en guerra,
ha dejado que el viento le hable sin prisa.
Los pájaros giran, no huyen ni hieren,
son notas del alma que ahora comprende.
Una pata alzada, no para atacar,
sino para saludar al cielo sin pesar.
El sol lo envuelve, lo baña en sentido,
y el tigre respira, por fin, en su nido.
No venció a los pensamientos, los abrazó,
no calló las voces, las escuchó.
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" El domador de cielos"
Ya no teme el tigre al vuelo inquieto,
ha hecho del caos su mapa secreto.
Los pájaros giran, no como tormenta,
sino como ideas que el alma alimenta y genera
El sol lo corona, no como rey,
sino como sabio que aprendió la ley:
la mente no se doma con fuerza o castigo,
sino con escucha, con tiempo, contigo.
Ahora piensa alto, respira profundo,
ha hecho de su mente un jardín fecundo.
Y en su quietud, el mundo se ordena,
porque el tigre
entendió: la paz es interna.
Y en ese gesto simple, sin pretensión,
halló en su pecho la meditación.
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"El reino interior"
Ya no hay vuelo errante ni sombra que muerda,
la mente del tigre se inclina y recuerda.
No como enemiga, ni como prisión,
sino como aliada, como bendición.
Los pájaros cantan, no gritan ni huyen,
son notas que el alma, en silencio, instruye
Y el tigre, en su trono de tierra y de sol,
descansa en la cima de su propio control.
No conquistó el mundo, ni selvas lejanas,
conquistó su mente, sus dudas tempranas.
Y hora, en su pecho, la calma florece,
la mente
le sirve, le honra, le mece
____
"Esencia compartida"
Ya no hay arriba ni abajo, ni dentro ni fuera,
el tigre respira y la mente espera.
No como sombra, ni como reflejo,
sino como llama que arde parejo.
El pájaro reposa sobre su frente,
como corona viva, como mente presente.
No hay ruido, no hay lucha, no hay temor,
solo un tigre dormido en su propio fulgor.
Las montañas lo miran, el sol lo bendice,
la nube lo abraza, el viento lo dice:
quien se conoce, se vuelve raíz,
y en su silencio, florece feliz.








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